ENCUENTRO EN EL TORREÓN DEL MONJE

Este primer relato charcutero podrá interesarles a las personas que aman la ciudad de Mar del Plata, a quienes aman el Torreón del Monje o quienes aman la charcutería y la buena gastronomía, por eso la reseña.

Entre el día 2 y 5 de agosto hemos tenido la posibilidad de desarrollar una de nuestras capacitaciones en este emblemático lugar emplazado en la ciudad de Mar del Plata, el Torreón del Monje, más precisamente en una de las salas que corresponde a la parte antigua del edificio, custodiado por el clásico ventanal de vidrios repartidos.

No me caracterizo por hacer una reseña de cada uno de los cursos, porque sería no solo un embole sino rayaría con la petulancia de mostrar, pero en este caso pasaron algunas cosas y momentos que, sin duda, traerán nuevas acciones, nuevos proyectos y más quilombos a Marcelo Benetti Charcutería.
Fueron días muy intensos que matice con la compañía de Marina mi esposa y Juan Manuel, mi nieto, una mezcla divina de familia, amistad y laburo.
Vamos al grano, lo primero que haré hincapié es en mi relación con un gran amigo y cocinero de la ciudad, Federico Muro, hoy chef ejecutivo del lugar, pero anteriormente director de una de las mejores escuelas de gastronomía que he visto en mis periplos charcuteros y que lamentablemente hoy ya no forma parte de la oferta educativa de Mar del Plata.

Con Federico siempre encontramos la excusa de los cursos para emprender el viaje y compartir una charla y un café, pero en esta oportunidad pasaron algunas cosas que forjarán acciones de corto plazo SIN LUGAR A DUDAS.

Luego del café, comenzó el reconocimiento del campo de juego, bajamos a la cocina de producción, puso salmones (no rosados), anchoas de banco y chernias arriba de la mesada y me dijo esto es lo que pescamos nosotros, o los pescadores de anzuelo de Mar del Plata, pesca que procesamos y ofrecemos al comensal

……what?………re what??

Materia prima con kilómetro cero?, vamooooooooooos
Una vez más el productor, en este caso el pescador como core process, como el más importante, integraciones de los negocios gastronómicos hacia atrás, dando valor al canal de abastecimiento y dejando un poco (solo un poco) de lado la pelotudez gastrohuevona de la imagen y farándula.


Estoy feliz, esto me hace feliz, me estoy tejiendo en mi cabeza algunos refugios, me imagino en El Baqueano de Salta con el querido Fernando Rivarola y en el Mar con Federico Muro, un detalle no menor, pedir permiso en mi casa y a estos dos grandes cocineros.

Quizás El Torreon, para la gente de MDQ sea una construcción más que forma parte de la maravillosa arquitectura que viste a la ciudad, pero para quienes jugamos de visitante, estas obras de arte nos causan cosas, nos generan una especie de nostalgia ajena y asombro, que sin duda están cargadas de alguna energía que nos afloja la mandíbula.

Esto me paso, no solo cuando dictaba el curso, sino cuando baje a sus sótanos y, a su cocina y cuando fui agasajado, junto a mi familia, por la atención personalizada de Federico en un menú de 6 pasos todos a base de chernia y un postre con dulces y quesos de Granja La Piedra (que lo dejo para un próximo relato).

En varios momento del pasaje pude también contar con la atención y la participación como alumno de Nicolas Parato, quien, junto a su familia, están a cargo de hace varios años de este maravilloso lugar,
Ahora, como feedback les quiero decir, la energía del lugar muchos de nosotros no la habíamos experimentado, y la magia de la actual gastronomía es para volver a creer que aquella escuela de cocina que hoy ya no está, dejo su mella en esta hermosa ciudad.

No se liberaran de mi tan fácil, MUCHAS GRACIAS

Marcelo Cagnoli

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